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lunes, 7 de marzo de 2016
Son esos días que dejas pasar sin apenas haberlos saboreado, es tu vida
la que dejas que se vaya y sigues sin ser totalmente consciente de esas
cosas. Cosas que pierdes y que te pierdes con tus miedos absurdos (no
tan absurdos, dice una voz) y demás obstáculos que vas creando en tus
ratos libres; tiempo que además inviertes pensando en todo lo que ha ido
haciéndote de esta manera que tanta rabia te da. Y recuerdas cosas que
te gritan al oído como si hubiera sido ayer. Esa gente que ya no
está aquí pero está presente, no sé si entiendes... con sus palabras
gratuitas y directas a tu piel con el único fin de causarte heridas.
Crees que eso te hace más fuerte para el futuro, pero este mismo momento
es aquel futuro... y en tu espejo está aquel ser que pensaste que sería
invencible. Te das cuenta entonces de que no sólo te mienten a ti sino
que también te mientes tú mismo. Ahora a dónde mirarás, qué será lo
nuevo que te inventes para querer despertarte cada día e intentar ser
feliz,
para no dejar que entre en tu vida nadie que pueda volver a hacerte daño
o salvarte del abismo, nunca lo sabrás. Lo llenas todo con notas que
comprendan sin pedir nada a cambio, escribirlo todo con tiza en esas
paredes por si algún día te da por borrarlo y comenzar, ese único día en
que habrá un punto y final
Etiquetas:
amigos,
Ansiedad,
Divagaciones,
Historias
domingo, 2 de junio de 2013
Una historia que encontré hace mucho tiempo
-Desearía audiencia con la princesa de cristal -solicitó el príncipe cortésmente-.
-¿El motivo de su visita? -preguntó el lacayo real-.
-Organizar un banquete para ahondar en la confraternización de nuestros reinos.
-Me temo que no va a poder ser, alteza. La princesa Ana detesta los banquetes, y la comida en general. Lamento tener que pedirle disculpas en su nombre.
El príncipe abandonó el palacio pero, perseverante como era, volvió al día siguiente habiendo elaborado una nueva excusa.
-¿Qué desea, alteza? -preguntó el lacayo-.
-Querría reunirme con la princesa de cristal por motivos comerciales. Mi reino importa exquisitos manjares de los cuales me gustaría regalar a su alteza, la princesa Ana, una pequeña muestra como signo de concordia.
-Siento tener que rechazar su ofrecimiento de nuevo pero la princesa Ana apenas se alimenta más que de agua. Cualquier otro alimento le causa una extraña indigestión.
-¿La ha visto algún médico?
-Su alteza manifiesta que se encuentra perfectamente siendo sus males exclusivamente pasajeros. Aunque he de confesarle que cada vez la veo más desmejorada.
-¿Y no podría concederme audiencia?
-Me temo que no. La princesa de cristal desea estar sola. Quizá otro día.
El príncipe volvió a marchar del palacio y una vez más volvió al día siguiente, aunque desprovisto de mentiras.
-¿Quiere ver a la princesa Ana? -preguntó el lacayo real con gesto compungido-.
-Así es -respondió el príncipe-. Pero esta vez no voy a mentirle. Estoy enamorado de la princesa de cristal desde que la vi en las fiestas de su decimo octavo cumpleaños que organizó su madre, la reina Mia, antes de su amargo fallecimiento por inanición.
-Lamento decirle que la princesa Ana ha seguido los pasos de su madre, la reina Mia -dijo el lacayo sin poder esconder las lágrimas-. Ha fallecido esta mañana en su lecho.
-¿¡Fallecido!? -exclamó el príncipe consternado-. ¡No puede ser!
-Me temo que sí. Al final consiguió lo que perseguía: no volver a probar jamás un bocado.
-¿El motivo de su visita? -preguntó el lacayo real-.
-Organizar un banquete para ahondar en la confraternización de nuestros reinos.
-Me temo que no va a poder ser, alteza. La princesa Ana detesta los banquetes, y la comida en general. Lamento tener que pedirle disculpas en su nombre.
El príncipe abandonó el palacio pero, perseverante como era, volvió al día siguiente habiendo elaborado una nueva excusa.
-¿Qué desea, alteza? -preguntó el lacayo-.
-Querría reunirme con la princesa de cristal por motivos comerciales. Mi reino importa exquisitos manjares de los cuales me gustaría regalar a su alteza, la princesa Ana, una pequeña muestra como signo de concordia.
-Siento tener que rechazar su ofrecimiento de nuevo pero la princesa Ana apenas se alimenta más que de agua. Cualquier otro alimento le causa una extraña indigestión.
-¿La ha visto algún médico?
-Su alteza manifiesta que se encuentra perfectamente siendo sus males exclusivamente pasajeros. Aunque he de confesarle que cada vez la veo más desmejorada.
-¿Y no podría concederme audiencia?
-Me temo que no. La princesa de cristal desea estar sola. Quizá otro día.
El príncipe volvió a marchar del palacio y una vez más volvió al día siguiente, aunque desprovisto de mentiras.
-¿Quiere ver a la princesa Ana? -preguntó el lacayo real con gesto compungido-.
-Así es -respondió el príncipe-. Pero esta vez no voy a mentirle. Estoy enamorado de la princesa de cristal desde que la vi en las fiestas de su decimo octavo cumpleaños que organizó su madre, la reina Mia, antes de su amargo fallecimiento por inanición.
-Lamento decirle que la princesa Ana ha seguido los pasos de su madre, la reina Mia -dijo el lacayo sin poder esconder las lágrimas-. Ha fallecido esta mañana en su lecho.
-¿¡Fallecido!? -exclamó el príncipe consternado-. ¡No puede ser!
-Me temo que sí. Al final consiguió lo que perseguía: no volver a probar jamás un bocado.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Ironias
Un pacto con el diablo. Esto me enloquece. El diablo me dijo que cuando rompiera con la promesa, solo iba a tener tristezas. Mientras siguiera firme a nuestro acuerdo, todo iba a salir bien.
Él me ofreció la delgadez a cambio de mi alma. Él la controla ahora. Le gusta jugar con ella. Cuando no cumplo me convierte en una persona fea, gorda, autodestructiva, solitaria y llena de tristeza. Pero cuando cumplo... el cielo esta en mis manos.
Ironías.
lunes, 16 de julio de 2012
En silencio
Cuando te das cuenta de que algo ya no tiene remedio, es cómo si toda tu vida cambiara. Dejas de luchar por eso que sabes que no vas a conseguir nunca, pero que nunca olvidarás. Ciertas cosas nos hacen perder el rumbo, pero tarde o temprano, encontramos el camino. Sabemos que cuesta pero, todo requiere esfuerzo en esta vida ¿no?
domingo, 24 de junio de 2012
A diario
Ella sufre encerrada en sus miserias, lamenta cada paso que da hacia adelante, vuelve pasos atrás o solo se equivoca en su camino. Esas personas que deberían cuidarla solo la lastiman con falta de sentido común. Quiere ser perfecta, porque no consigue aceptarse, no consigue que el mundo la note y la vea como ella lo desea... siendo perfecta todos la verían, todos la querrían, los problemas pasarían al olvido y lograría la paz. Tan errada está que la única paz que se consigue es bajo tierra, pero, ella no lo quiere ver, lo sabe, pero no lo quiere ver. Solo hay una mano negra que cuando son dos, la obliga a fallar, la obliga a buscar una perfección imperfecta y monstruosa... lo sabe, pero esa mano negra la controla.
Acorralada en sus delirios viviendo fantasías paradójicas, marcada por una realidad social, está ella encerrada en su reino, contemplando el trono, inclinándose ante él. Es una mujer sin sueños que ya no se respeta, que ve la muerte como escapatoria, presa de su marcha lenta. Desperdicia lo que tiene porque su cabeza se lo dicta, no cree en los demás, solo en su mentiroso reflejo. Sin puntos medios, equilibrios o entero conocimiento de su daño, piensa, se agarra la cabeza, se hunde en su miseria y desperdicia lo mejor de su vida. Se auto-margina presa de marginaciones de moda.
Llora por los rincones y solo el trono conoce sus secretos. Finge dolorosas sonrisas con el fin de obnubilar su realidad, viviendo el día a día en un mundo hipócrita, falso, que la condena a la autodestrucción.
Estos pensamientos giran en la cabeza de una chica que siempre soñó con ser 'perfecta', que siempre quiso ser feliz cueste lo que cueste.
Ahora quiere escapar a este mundo duro e irreal que tanto la condiciona y exige...
Lo que ella sabe y no sabe es que pierde su pureza y se va consumiendo en vez de alcanzar lo que desea, solo la corrupción de su mano negra va aferrándose a su ser y la consume... la consume hasta terminar con daños irreversibles y es el momento cuando todo lo que desea se cumple.
Es la mujer a la que todos miran, a quien todos desean ayudar, a quien todos aman y por la que sienten culpa... ahora es perfecta, consumida su cabeza y consumido su cuerpo, desperdiciando su adolescencia y por terminar con su vida.
Acorralada en sus delirios viviendo fantasías paradójicas, marcada por una realidad social, está ella encerrada en su reino, contemplando el trono, inclinándose ante él. Es una mujer sin sueños que ya no se respeta, que ve la muerte como escapatoria, presa de su marcha lenta. Desperdicia lo que tiene porque su cabeza se lo dicta, no cree en los demás, solo en su mentiroso reflejo. Sin puntos medios, equilibrios o entero conocimiento de su daño, piensa, se agarra la cabeza, se hunde en su miseria y desperdicia lo mejor de su vida. Se auto-margina presa de marginaciones de moda.
Llora por los rincones y solo el trono conoce sus secretos. Finge dolorosas sonrisas con el fin de obnubilar su realidad, viviendo el día a día en un mundo hipócrita, falso, que la condena a la autodestrucción.
Estos pensamientos giran en la cabeza de una chica que siempre soñó con ser 'perfecta', que siempre quiso ser feliz cueste lo que cueste.
Ahora quiere escapar a este mundo duro e irreal que tanto la condiciona y exige...
Lo que ella sabe y no sabe es que pierde su pureza y se va consumiendo en vez de alcanzar lo que desea, solo la corrupción de su mano negra va aferrándose a su ser y la consume... la consume hasta terminar con daños irreversibles y es el momento cuando todo lo que desea se cumple.
Es la mujer a la que todos miran, a quien todos desean ayudar, a quien todos aman y por la que sienten culpa... ahora es perfecta, consumida su cabeza y consumido su cuerpo, desperdiciando su adolescencia y por terminar con su vida.
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